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Cinco años después: La significación de la Conferencia de Beijing, 1995, para el movimiento de mujeres

Virginia Vargas

Borrador de texto para Ideele (Lima)

 
Estamos acá cinco años después de Beijing y en un nuevo milenio, que llega acompañando de dramáticos cambios, con la herencia del feminismo del siglo XX, posiblemente la revolución más subversiva del siglo pasado. También la revolución más larga, que por ello continuara al nuevo milenio, con nuevas caras, nuevas estrategias, viejas-nuevas demandas y muchas promesas incumplidas. Cinco anos que nos han demostrado que los avances son lentos, que los cambios no son los que soñamos, que lo que creíamos para siempre conquistado, puede también desvanecerse.

Sólo unas palabras para recordar el piso del que partimos hace cinco anos. Beijing fue de muchas formas mas que una Conferencia: fue la expresión de la capacidad de las mujeres y sus movimientos de expresar y negociar sus experiencias, conocimientos, aspiraciones y parte de sus utopías. Cinco anos atrás, los movimientos feministas de la región fueron capaces de apropiarse del proceso de la IV Conferencia de la Mujer, de imprimirle parte de su lógica, de permear los espacios oficiales, mostrando que los feminismos expresaban un movimiento político de carácter global. Esa capacidad, política y vital se reflejó en la Plataforma de Acción de la Mujer, que surgió en Beijing.

Sin embargo, como decíamos en el discurso de clausura del Foro de las Ongs en Huairú, Beijing "…nadie nos regaló nada, mujeres; detrás de cada negociación, detrás de cada conquista, están las reuniones de autoconciencia, las marchas infinitas, las discusiones eternas, los análisis académicos y las intuiciones brillantes; está la lucha de Juana por su terreno, la de Julieta en la Universidad y la de Sonia en el batey. La de María Elena, asesinada por los que no querían su paz, la de Margot parada en cualquier esquina de la gran avenida, la de Ana enamorándose de Irene y la de Domitila en las minas que ojalá ya no haya en el siglo XXI. Esta la confrontación y el paciente dialogo. Y están, claro que están, las horas robadas al sueño POR los SUEÑOS, los amores perdidos y los conquistados, las rupturas y las complicidades. Fuimos miles y somos miles las que participamos de esta continuidad"

Cinco anos en las que las miles que éramos se multiplicaron de muchas formas, en muchos mas espacios, variopintos, con muchas mas estrategias tratando de avanzar las múltiples causas de las mujeres, aunque no siempre en conexión y acumulación. Cinco anos intensos, en los cuales los contextos sociopolíticos, económicos y culturales, cuyas nuevas dinámicas ya se comenzaban a expresar en los inicios de la década, se perfilaron, se asentaron y cambiaron los horizontes referenciales de las gentes y de los estados y gobiernos

De allí que el desafío primero que se nos presenta ahora es como evitar la nostalgia, y como acercarnos a los grandes problemas que enfrenta la región, el mundo y las mujeres en este nuevo milenio con los lentes del 2,000 y no con las categorías de análisis y paradigmas de las décadas anteriores. Como ha señalado Norbert Lechner, los dramáticos cambios de fin de milenio se dan en un acelerado proceso que sobrepasa la posibilidad simultánea de cambio en nuestras estructuras mentales y formas de interpretación. Nos ronda la inercia de una forma de reflexión, de paradigmas que ya no nos sirven, y que no sabemos bien como reemplazarlos. Incertidumbres y desconciertos que sin embargo nos pueden invitar a recrear.

Las expectativas alzadas, los caminos recorridos, las formas de relacionamiento de los movimientos feministas con las instancias estatales orientadas hacia la mujer y responsables en estos cinco anos de impulsar transversalmente el cumplimiento de la Plataforma de Acción de Beijing (PAM), no pueden ser analizados en si mismos, sino dentro de la compleja relación-tensión sociedad civil/estado, en la región y a la luz de los desafíos democráticos que nos plantea el nuevo milenio. Aunque con puntos de intersección, espacios de interacción e intereses eventualmente compartidos, las lógicas de las sociedades civiles y las de los Estados son diferentes y eventualmente contradictoras. Tocaré sin embargo solo una diferencia fundamental: son generalmente las sociedades civiles, a través de sus diferentes actores y actoras, las que se adelantan, a través de sus búsquedas y sus practicas, en descubrir y ejercitar derechos antes que estos sean ubicados en las lógicas estatales, antes que sean reconocidos por ella y mucho menos garantizados. Eso le da a la construcción ciudadana su característica más vital.

La histórica relación sociedad civil-estado cobra dimensiones particulares a fin de milenio y en el tránsito hacia el nuevo, debido a los grandes cambios en los contextos socioeconómicos, políticos y culturales de la región. Cambios paradojales, que amplían y al mismo tiempo constriñen el campo de maniobra de los movimientos sociales en general y de los feminismos en particular. Uno de ellos es el ambivalente proceso de Globalizacion, que impulsa mas que nunca la concentración del poder económico, al mismo tiempo que descentraliza poder a través de las nuevas formas de comunicación tecnológica; que debilita los estados nación pero que al mismo tiempo abre posibilidades de pensarnos y ubicarnos en la aldea global. Y si bien Globalizacion y proyecto neoliberal no son lo mismo, se han desarrollado paralelos en este ultimo cuarto de siglo, lo cual ha tenido evidentes y alarmantes consecuencias sobre las vidas de las personas y los pueblos. Otro, quizá el más dramático y desafiante, es la coexistencia de sistemas de gobierno democráticos en modelos económicos neoliberales - que exigen un tipo de reformas del estado y una exigencia particular de gobernabilidad Es decir, como señalan varios autores, (Przeworski, Lechner), modernización económica y democratización política, son también procesos que también responden a lógicas diferenciadas, que corren paralelas, de tal forma que los avances en la reforma económica tienden a ignorar la necesaria adaptación de las instituciones democráticas. Al no haber correspondencia entre ambas dinámicas, la democracia aparece como el mecanismo legitimatorio de la modernización, como su complemento, legitimando la sociedad de mercado en desmedro de los intereses ciudadanos y dando como resultado una democracia restringida (Lechner, 1992), donde la ciudadanía, sus búsquedas, sus ampliaciones, no están en el centro de su ampliación y desarrollo.

Ello es grave para los feminismos, al oscurecer la relación entre dos dimensiones básicas de las luchas de las mujeres, señaladas por Fraser y que fueron claves en Beijing: la lucha por el reconocimiento y la lucha por la redistribución, ambas en permanente tensión en América latina, tensión que engloba las dinámicas de exclusión e inclusión, las dinámicas de acceso a la igualdad y reconocimiento de la diferencias. Tensión subversiva porque se coloca en el centro mismo de la contradicción democrática en América Latina : la dificultad enorme de incluir frente a la tendencia histórica de excluir . Tensión que, una vez asumida, confronta y busca ampliar los limites de las democracias realmente existentes, en la medida que la redistribución sin reconocimiento es parcial y excluyente de las diferencias y el reconocimiento siempre será parcial, beneficiara solo a unas cuantas, si no se sustenta en la redistribución. La tensión se agudiza en el nuevo milenio porque la justicia económica que busca la redistribución difícilmente se puede lograr en el modelo económico neoliberal existente y en democracias débiles y con poca voluntad de fortalecimiento.

Justamente porque intuíamos estas dos lógicas es que el proceso de Beijing desde la sociedad civil y los movimientos de mujeres tuvo dos estrategias, el "texto" y el "pretexto" obedeciendo a dos preocupaciones políticas de los feminismos en los 90. Y que cubren, al menos teóricamente, un espectro amplio de preocupaciones democráticas: Por un lado, avanzar en la paridad, en la lucha por la igualdad, expresada en textos, en leyes, en reconocimientos que acorten la brecha entre mujeres y hombres y que avancen en consagrar lo que las mujeres hemos ido afirmando como derechos. El "texto" en este caso fue la PAM y se tradujo en aportar, monitorear y fiscalizar la aplicación de las acciones que amplían las dimensiones políticas de las ciudadanías femeninas, a través de lograr el cumplimiento gubernamental de los acuerdos de las Conferencias internacionales. Es decir, era una lógica de negociación autónoma hacia lo publico político negociando la posibilidad que la comunidad internacional y los gobiernos nacionales comiencen a asumir sus compromisos para con las mujeres. Por otro, el "pretexto", entendido como la lógica de afirmación como movimiento en la sociedad civil, hacia la sociedad civil, fortaleciendo la trama asociativa, impulsando articulaciones e intercambios en un movimiento que comenzaba su proceso de fragmentación ; se buscaba recrear su presencia como actoras sociales, en un proceso de permanente "invención democrática", buscando formas de subvertir las jerarquías simbólicas y reales de exclusión de las mujeres y el ensanchamiento democrático de la esfera publica, desde donde expresarse, actuar, ser reconocidas. Hacerlo significo ir mas allá de la situación de exclusión y marginación de las mujeres, para conectarla y reelaborarla desde los grandes temas de los países, de la región y de lo global. Significo también ir mas allá de la lógica textual, impulsando otras dimensiones que no eran consideradas por ella. La aspiración fundamental de Beijing para los feminismos fue así no solo buscar integración de las mujeres a lo "realmente existente" sino la redefinición misma del sistema político y sus mecanismos de exclusión y subordinación.

Que pasó en estos cinco años con estas aspiraciones y orientaciones políticas de los feminismos? Que paso con el "texto" y el "pretexto"?

Estas estrategias, a poco andar, demostraron no ser "neutras". Justamente, porque expresan un terreno de disputa entre sociedad civil y estado, el énfasis en una o en otra ha tenido consecuencias fundamentales para las propuestas feministas. Incidir en las estrategias de interacción con la política formal, en desmedro de aquellas que, desde las sociedades civiles, apuntan al fortalecimiento democrático, desdibuja el carácter transformador de las propuestas feministas, al reducirlas a acceso a la igualdad, sin considerar las profundas desigualdades que esa igualdad contiene y legitima. Y sobre todo deja a los feminismos sin la posibilidad de una agenda propia, autónoma y democrática, capaz de colocar y generar espacio para aquellos temas, asuntos, climas político culturales – como justicia económica, derechos sexuales, por señalar solo algunos de los más álgidos para los gobiernos- que no encuentran aun cabida en los espacios oficiales y que apuntan al enriquecimiento de la democracia.

Indudablemente, ha habido avances. Legislaciones, políticas de afirmación positiva, institucionalidad estatal orientada hacia las mujeres, mesas de concertación entre sociedad civil y estado, además de los avances específicos, las alianzas, las nuevas presencias, los impactos, los reportes sombras, los informes de control ciudadano que desplegaron en cada país las articulaciones alrededor de Beijing. De esos avances trataremos estos días.

Sin embargo, a pesar de los avances, los entusiasmos iniciales sobre todo lo que se podía lograr con el cumplimiento de las recomendaciones de la Plataforma, han dado paso a una realidad mucho menos seductora, no solo por lo no cumplido, también porque todo lo avanzado tiene bemoles y puertas abiertas para el retroceso: las leyes no siempre se aplican por falta de garantías, por falta de información para su aplicación; la legislación sobre violencia se ha dado bajo la formula de "violencia intrafamiliar" descentrando a las mujeres como sujetos de esta violencia. Las maquinarias estatales orientadas a la mujer generalmente han permanecido débiles, han perdido status, y su futuro y alcance entra en cuestión con los cambios de los gobiernos. Generalmente cuentan con pocos recursos, sin poder de transversalidad y son percibidas como expresión "menor" dentro del aparato estatal. En muchos casos, estas maquinarias han perfilado más los intereses de los partidos gobernantes que los complejos intereses de las mujeres. A esto se une el hecho que no todas estas Oficinas sustentan sus acciones en "planes de igualdad", lo cual debilita mas su impacto en la transformación de las relaciones de genero en los países y en los contenidos y alcances de las políticas públicas hacia las mujeres. Estas instancias estatales se enfrentan también a permanente competencia con otras instancias extra-institucionales y de alto nepotismo, como las Oficinas de la Primeras Damas, las cuales entran a disputar funciones y recursos. Y si bien en algunas de estas maquinarias ha habido en diferentes momentos presencia de mujeres feministas, ya sea a la cabeza de ellas, o en puestos importantes a su interior, lo que generalmente ha significado la acentuación del enfoque de derechos y no de vulnerabilidad su campo de influencia no fue muy grande y su presencia generalmente efímera.

Asimismo, el cumplimiento de algunos aspectos de la Plataforma por parte de muchos gobiernos aparece instrumental a sus intereses políticos. Se ha avanzado en los aspectos menos cuestionadores de la Plataforma de Acción. En la mayoría de los países ha sido una constante la ausencia de canales de consulta, diálogo, negociación entre sociedad civil y estado, así como la falta de transparencia en las gestiones de los gobiernos alrededor del cumplimiento de la Plataforma.

Ello ha significado serios obstáculos para enriquecer la relación entre sociedad civil y estado y asegurar la participación efectiva de la ciudadanía en la implementación de la Plataforma. Ello expresa algunas características preocupantes en la región: el que las democracias en los países siguen siendo débiles, excluyentes, con rasgos autoritarios, desarrolladas en contextos neoliberales que han profundizado dramáticamente la exclusión y la pobreza y que representan un serio obstáculo para la consolidación de los derechos ciudadanos contenidos en la Plataforma de Acción.

La sociedad civil, expresada en este caso en la acción de los movimientos de mujeres y feministas, también ha tenido responsabilidad en la forma que se ha monitoreado el proceso post-beijing en los países de la región. Es importante recordar que el proceso de Beijing y del post-beijing ha sido liderado fundamentalmente por expresiones feministas en todos los países: los avances y limitaciones son simbólicas y realmente depositadas en ellas. Es también importante reconocer que este ha sido un proceso de aprendizaje creciente e intenso, que ha permitido acumular una significativa experiencia, donde aciertos y errores aparecen ahora más nítidos.

De allí que ahora podemos reconocer que si bien detraes de cada iniciativa gubernamental alrededor de la PAM, ha habido miles de mujeres que se han organizado y presionado para ello, que ha habido acciones y reportes alternativos que han logrado completar o confrontar los informes de los gobiernos, cuando estos eran parciales o cuando se extraía las acciones de cumplimiento de la PAM de los contextos en los que se aplicaba, es también cierto que una tendencia significativa de las ongs feministas de la región involucradas en Beijing ha sido el asumir las estrategias post-Beijing apostando más al "texto" que al "pretexto", más a las estrategias de seguimiento que a las estrategias de presión y diferenciación; muchas veces las feministas pertenecientes a las Ongs han actuado o han sido convocadas en su condición de "expertas" mas que en su expresión de organizaciones de la sociedad civil que ejercen su derecho al control ciudadano. El riesgo mayor de estas estrategias ha sido el de separar el cumplimiento de la PAM de los contextos y dinámicas democráticas o, dicho en otras palabras, el aislar la construcción de las ciudadanías femeninas del resto de la construcción democrática en los países. De allí que muchas analistas feministas hablan de "el vaciamiento " de la agenda en las agendas del estado, de "desperfilamiento" político, de "ongización" del proceso, etc.

Que nos revela esta realidad?

Al margen de los lamentos y culpas, creo que nos revela una característica paradójica de los feminismos de fines del siglo XX. El hecho que el proyecto político feminista es también en muchos aspectos ambivalente y contradictorio, al orientarse por un lado hacia transformaciones que acerquen a las mujeres a la igualdad dentro de las democracias realmente existentes, en las que nos toca vivir, y al mismo tiempo pretender subvertirlas, ampliarlas y radicalizarlas. Desde diferentes entradas se ha analizado esta tensión. María Luisa Tarrés la expresa como el difícil equilibrio entre la ética y la negociación. Por su parte, Veronic Schild afirma que las estrategias feministas pueden simultáneamente confrontar y al mismo tiempo reproducir las nociones hegemónicas sobre desarrollo, democracia, ciudadanía, etc.

El riesgo ha sido mayor cuando estas estrategias son sacadas de sus contextos, de los procesos que las conectan a las otras subordinanciones y exclusiones que viven las mujeres, mas allá del género, pero agravadas por el género; Cuando son aisladas de las otras múltiples estrategias de cuestionamiento y transformación de las estructuras de poder que generan estas múltiples expulsiones y subordinaciones.

Posiblemente el riesgo fundamental ha sido el de desdibujar las competencias y las interrelaciones autónomas entre sociedad civil y estado descuidando los contenidos de disputa o las guerras de interpretación a través de las cuales la sociedad civil va perfilando sus propuestas democráticas y va asumiendo una mirada política que, al decir de Beatriz Sarlo: "es una mirada oposicional, siempre atenta a desprogramar lo preconvenido por la ritualización del orden acercando y exhibiendo frente a ese orden el escándalo de la diferencia, el escándalo de muchas perspectivas", en suma, el escándalo de la transgresión.

Este riesgo de abandonar de cierta forma los contenidos del escándalo, de la transgresión, los contenidos de disputa, se ha expresado significativamente en el desdibujamiento de una agenda propia y autónoma, lo cual tiene muchas consecuencias en cadena: por un lado debilita a su vez la posibilidad de alimentar una base social amplia desde la sociedad civil capaz de presionar en los cambios políticos, económicos, culturales, sustanciales a los idearios feministas en América Latina. Lo cual a su vez reduce la efectividad de los feminismos incluso para influenciar políticas publicas más radicales, menos fragmentadas, menos paternalistas, menos familistas, menos coyunturales, debilitando la posibilidad de generar contrapublicos que generen otras perspectivas, que expliciten las diferencias y den campo al reconocimiento a la diversidad, que pongan en el tapete los nuevos temas que expresan la conflictividad social actual.

En esta realidad latinoamericana tan deficitaria en democracia y en las urgencias ciudadanas de consolidarla parecería no ser suficiente que las agendas feministas estén solo referidas a la consolidación de los derechos de las mujeres. El riesgo de separar el feminismo de un compromiso explícito con las dinámicas democratizadoras y con los rasgos más subversivos y diferenciados de su agenda de transformación, no solo limita la expansión democrática del país; también frena el impulso del ""derecho a tener derechos", al inscribirlo solo en los espacios de política formal, o al pretender que los intereses de las mujeres solo se perfilan en esa dirección, o al circunscribirlos a mayor representación y mejor legislación, sin posicionarse autónomamente para exigir claras reglas del juego político, rendición de cuentas, justicia económica, institucionalidad democrática.

De allí que, para mí, el reto fundamental que, desde los feminismos, conlleva el cumplimiento de la PAM por parte de los gobiernos hoy, es hacer una constante revisión de como la ampliación de las ciudadanías femeninas no se asume en sí misma sino en una permanente relación con la calidad de los procesos democráticos de los países: Y esa calidad democrática solo se logrará si se vuelve a poner en el centro de las dinámicas feministas, hacia el estado o hacia la sociedad civil, la lucha por el reconocimiento y la lucha por la redistribución.

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